The Orange Market

vendedores en el metro

“Señoras y señores, en esta ocasión les vengo ofreciendo caramelos (su marca favorita), multisabores. No pague su valor comercial que es de 10 pesos, 5 pesos le vale, 5 pesos le cuesta… ¡Llévele, Llévele, Llévele!

Sinceramente este texto no lo escribí para venderles caramelos, lo que vengo a narrarles es el folclórico fenómeno que se vive a diario en la capital Mexicana. Todas las personas que vivimos aquí o que vienen de visita y que hacemos uso del famosísimo Metro de la Ciudad de México, escuchamos a diario verdaderos y muy influyentes mensajes de marketing que tratan de motivarnos a realizar compras de cosas que hasta te sorprendes de los precios, y que al final terminas comprándolos porque verdaderamente no quieres pagar su precio comercial. ¡Son una ganga!

El título de este mensaje con un toque anglosajón para darle más clase, hace referencia al metro del Distrito Federal (naranja por cierto), un verdadero mercado. A casi ya un año de estar residiendo en esta hermosa ciudad me he percatado que más que ser solamente un sistema de transporte colectivo, es un modo de vida para muchos capitalinos. No me dejo de sorprender que muchas personas hagan uso de este sistema para comercializar productos, servicios y hasta espectáculos de categoría: como las luchas libres, peleas de box (aunque sin guantes), músicos que primero experimentan aquí antes de lanzarse al Auditorio Nacional, uno que otro malabarista que hace sus hazañas y hacen uso de los pasamanos como verdaderos profesionales del tubo. Payasos que realmente no causan gracia pero que si exigen una moneda, espectaculares voces que pareciera que estas escuchando a la mismísima Ana Gabriel en vivo o reencarnando a Chabela Vargas, o maravillosas voces de narradores de cuentos (me consta que tienen un muy buen color de voz).

Todos, absolutamente todos tienen la oportunidad de hacer crecer sus negocios en este mercado rodante, de no ser así este tipo de comercio ya se hubiera extinguido desde hace mucho tiempo. La verdad es que a diario veo cada vez más emprendedores anónimos por aquí.

Me atrevería a decir que en el metro se vive a diario el “Buen fin”… ¿Para qué esperar hasta noviembre de cada año a comprar tus cositas, cuando en realidad (si eres usuario del metro) te puedes hacer de ellas (exagero, porque sólo son algunas cosas), durante todos los días que viajes en el metro? Y es que el pricing que maneja este tipo de comercio es tentador porque está aproximadamente por debajo de un 30% con respecto al valor comercial que encontramos en las grandes cadenas comerciales, lo que hace que compres sin pensarlo dos veces, pienso que vale la pena no llamarle buen fin, si se te ocurre otro nombre menciónalo.

Yo creo que aquí si aplicaría más de un slogan de las grandes cadenas, “A precios bajísimos”.

Este post fue elaborado por Orlando May. Profesionista de TI y aprendiz de marketing con miras a ser empresario. Amante de la música latina y clásica. Escritor en potencia.

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